miércoles, 8 de julio de 2009

¿Quién elige al que manda? (III)

Continuación del post de Valentín Cazaña, que disecciona el artículo de Público sobre el nivel (inexistente) de democracia interna en los partidos del estado español.

Ningún partido se salva de las críticas de los analistas consultados.

Roberto Blanco profundiza más en esta idea y enuncia tres herramientas en aras de mejorar la democracia dentro de los partidos. Sostiene que sería necesario introducir "mecanismos de carácter estructural", entre los que destaca, por encima de cualquier otro, la celebración de primarias para favorecer la participación en los procesos de decisión de las formaciones. Como segunda idea, Blanco propone "la reducción de periodos de permanencia en los cargos, hacer que circulen las élites". La tercera medida es complementaria de la anterior. Este politólogo cree que sería beneficioso "establecer regímenes serios de incompatibilidades" entre la cúpula política, de manera que los dirigentes no puedan acumular responsabilidades orgánicas e institucionales de forma simultánea.

En la práctica, esa fórmula de la coca cola electoral que son las primarias, puede no tener precisamente un efecto refrescante y degenerar en un brebaje, como el que acabó para el PSOE de Almunia y Borrell en indigestión aguda, tras la mayoría absoluta de Aznar en el año 2000.

Rebollo recuerda este precendente para argumentar su escepticismo ante las elecciones internas en los partidos como bálsamo contra el cesarismo. "La mecánica de las primarias no ha funcionado ni en España ni en Europa y, dada la estructura de los partidos, es muy difícil que tenga éxito".

El artículo continúa en Todo final es un principio.


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